Ya probaste las tablas de premios. Los castigos. Repetir la instrucción cinco veces con distinta voz. Terapias sueltas que ayudaron dos semanas y después nada. Cada mañana es el mismo pulso por vestirse, cada tarea escolar termina en gritos, y por la noche te preguntas qué estás haciendo mal como padre o madre. No estás haciendo nada mal. Le estás dando instrucciones a un cerebro que necesita algo distinto, y nadie te enseñó cuál.